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Una sociedad en duelo

Foto del escritor: LegómenaLegómena

Con una inmensa sorpresa, para nada agradable, escuchamos hace algunos días que el presidente de Guatemala anunció una próxima apertura de actividades siguiendo el modelo de “semáforo”, que han utilizado otros países. Este comentario viene posterior a lo que las proyecciones de la COPRECOVID que menciona alrededor de 7 mil a 15 mil muertes, si se siguen o no, medidas de prevención.


El comentario del presidente cae como balde de agua fría, pues nos deja ver lo poco que le importan las vidas humanas a este gobierno. Con derrapada incompetencia, fundamentada en en una atrevida ignorancia y la prepotencia arrogante que da el poder, el gobierno de Alejandro Giammattei ha llevado al país al caos actual que apenas inicia. Lo que parece no entender el gobierno, y sobre todo el presidente, es que no hay nada peor que una sociedad en duelo y que, aunque los fallecidos sean “pocos”, no significa que no duelan. Y digo pocos, tratando de “entender” ese punto de vista, pues un solo fallecido es ya suficiente. El gobierno está planteando que los fallecidos son un costo menor que pagar, lo cual es una postura terriblemente homicida, pues denigra el valor de la vida humana.

Cuando muere una persona querida, el dolor es muy grande y generalmente los procesos de duelo son largos. Actualmente hay familias que han perdido a varios de sus amados en períodos muy cortos de tiempo, y eso deja una huella increíblemente dolorosa y profunda en el alma de quien lo vive. Yo pasé por algo similar; hace algunos años perdí a tres seres vitales en dos semanas, y nueve meses después a mi padre, así que, en un período menor a un año, perdí a mis papás, mi abuela y una tía muy cercana. Por eso puedo decir que estos procesos no son fáciles, los conozco en carne propia y sé lo que es tener que seguir adelante con la vida, cuando no se tiene ni fuerzas para levantarse de la cama. No voy a entrar en esos detalles, pero sí quiero compartir un poco de la relación del duelo con el desempeño laboral, pues eso es lo que parece ser importante ahora: el volver de lleno a las actividades económicas.


En primer lugar, debemos considerar que, con la muerte, no es solamente una persona quien se encuentra golpeada, sino muchas. La partida de un familiar o amigo, -de cualquier persona-, es una piedra tirada al lago: las ondas se expanden lejos.

Le vamos a sumar a esto que muchos están siendo enterrados como XX y esto genera un dolor adicional: es prácticamente anular la identidad y no proveer a la familia del reconocimiento que la persona amada tiene. Es prácticamente invalidar la importancia del ser querido privando a las familias del cierre de ciclo simbólico que es el último ceremonial. Muchos han tenido que enterrar a sus familiares sin la despedida que desearían, pues a veces es una sola persona acompañando al fallecido. Una de las cosas que me costó más en mi proceso de duelo fue el hecho de que muchos daban por sentado de que ya todo había pasado, y que debía seguir mi vida de manera “normal”. Eso es imposible. Me dolía mucho ver que mi proceso no tenía importancia hacia afuera. Nuestra vida nunca es igual luego de perder a un ser amado, y no digamos, si son más. Creo que la situación actual agrega circunstancias agravantes que incrementan el dolor, pues, para empezar, desde hace meses el miedo al contagio prevalece en todos, por lo que el duelo cae sobre un corazón ya estresado y angustiado haciéndolo particularmente más doloroso. Sucede de manera similar con los familiares de pacientes que padecen enfermedades terminales por períodos largos. Ahora si le sumamos a eso, las preocupaciones por el trabajo, porque no se infecten otros familiares o la propia persona, y el trabajar con otros compañeros en duelo, esto se nos puede complicar mucho. Sobre todo, también porque si apenas existen condiciones de atención para la salud física, no estamos viendo interés de las autoridades por la salud mental y emocional. Se está exigiendo a las empresas medidas de higiene, limpieza, distanciamiento físico, etc, pero nadie está pensando lo que es tener en la oficina, a una persona en duelo y si lo queremos ver desde el punto de vista capitalista (el cual no comparto): ese trabajador rendirá menos. Es inhumano pedirle más. Una persona en duelo, un corazón herido y ahogado en dolor, necesita ser arropado y ayudado, no explotado, que solo así se me ocurre llamarle a la falta de empatía de tantos. De lo que no se están dando cuenta es que una sociedad doliente, es también una sociedad improductiva. Ni siquiera vamos a mencionar lo que ese duelo mal procesado puede traer como consecuencia: enfermedades crónicas y terminales, si queremos en el plano físico y luego toda la gama de problemas emocionales, mentales y sociales, solo por mencionar algunos.


Señor Presidente los guatemaltecos sí podemos aprender a vivir con el virus, -con la mascarilla, con el gel, con el termómetro, con la distancia-, pero lo que nos es intolerable, es la actitud cruel y sanguinaria de un gobierno indiferente, desordenado, incompetente y traidor. ¡Ah! Y ladrón, pero en esas no vamos a ahondar ahora.



 
 
 

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