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NO a la impunidad del rebaño #confidenciasdepandemia

Foto del escritor: LegómenaLegómena

La historia describe el final de las pandemias de dos formas, una es la culminación sanitaria y la otra es la culminación social. La sanitaria ocurre cuando ya no hay contagios y esto lo alcanzaríamos, o es lo que pretendemos lograr, cuando exista la inmunidad de rebaño y la tan anhelada vacuna. La culminación social es cuando la población se "acostumbra" a vivir con el inminente riesgo que supone la enfermedad y sus consecuencias.

La inmunidad de rebaño, o de grupo, es un fenómeno que se observa cuando gran cantidad de una población se encuentra inmunizada hacia una gente patógeno particular. Inmunizado significa que tiene defensas, -anticuerpos-, que le permitirán responder y aniquilar al microorganismo causante de la enfermedad. La inmunización puede alcanzarse por dos formas principales, una es de manera natural, que es cuando ya hemos estado infectados y el propio cuerpo produce esas defensas, y la otra es a través de la vacunación. Ambas son indispensables para alcanzar la inmunidad de rebaño. Es decir, para que se dé, tiene que haber muchas personas inmunizadas, ya sea que se hayan recuperado de la infección o se hayan vacunado. Lo que sucede es que llegan a haber tantas personas inmunizadas que los microorganismos encuentran muy pocos hospederos susceptibles para ser infectados y por eso es por lo que disminuye la cantidad de pacientes con la infección.


Hoy no tenemos ni uno ni lo otro, y aún falta mucho.


La inmunidad de rebaño es un punto conflictivo porque, debido a la cantidad de información que se está manejando o mejor dicho desinformación, se le está dando un sentido erróneo. La mayoría de las personas cree que con el hecho de estar afuera y estar expuesto al virus va a encontrarse protegido, pues ira creando anticuerpos de manera natural. Esto no es totalmente así; lo que hay que tener claro es que la inmunidad de rebaño sólo se alcanza cuando un alto porcentaje de la población se encuentre recuperado. Pero para eso tuvo que haber pasado por el proceso infeccioso y lo que tiene que quedar también claro es que éste puede terminar con la recuperación o también con un cuadro fatal. Si bien es cierto que la minoría, o un pequeño porcentaje de pacientes son quienes presentan complicaciones, no podemos por eso desentendernos de la responsabilidad que tenemos de evitar la mayor cantidad de contagios. Los estamos protegiendo, nos estamos protegiendo. La inmunidad de rebaño se va alcanzando poco a poco, y debe ser un proceso lento. Lo que no hemos entendido es que no se puede forzar, y al sencillamente pretender ignorar el virus vamos directo a el caos en los servicios de salud. Ya la palabra colapso parece desgastada por eso mejor le llamaré un estado caótico. Si bien está demostrado que la mayoría de los pacientes tienen un buen pronóstico, existe pequeño porcentaje que presenta complicaciones. Lo que está sucediendo ahora es que no hay espacio en los hospitales para atender a ese pequeño porcentaje, y muchos tristemente están falleciendo por falta de acceso a los servicios mínimos de salud. El personal sanitario está haciendo todo lo que tiene en sus manos para salvar a sus pacientes, pero no podemos pedirles que hagan más de lo que humanamente pueden. Ellos están cumpliendo con su parte, pero la provisión de insumos, instalaciones, y el ordenamiento social es total responsabilidad del Gobierno en turno, quien claramente está incumpliendo.

Con mucha preocupación he estado viendo desde el principio de la pandemia comentarios, opiniones e incluso discusiones alrededor de la inmunidad de rebaño. Como inmunóloga, y eso lo comparto con mis colegas alrededor del mundo, veo con mucha complacencia el hecho de que la Inmunología sea tema de conversaciones y objetivo de interés para quienes antes le huían aterrorizados. Estamos cayendo en cuenta de la importancia que tiene conocer cómo es que nuestro sistema inmune se defiende, -nos defiende-, y participa en el proceso de salud y enfermedad. Pero hay que informarse bien y no utilizar nuestra pobre comprensión de la ciencia para justificar la irresponsabilidad.

Es triste ver como muchos incluso líderes políticos han repetido, cual loros, términos científicos que solo dan un poco de pseudo confianza, y mucha confusión, a la población. No son conscientes del impacto que pueden llegar a tener sus palabras, y sobre todo de los ridículos, y dañinos, que son sus argumentos pues arrastran a sus seguidores a tomar decisiones completamente desacertadas. Es preocupante realmente, ver la actitud que está tomando la población en este momento en cuanto al virus. Impunemente se celebran reuniones, fiestas, borracheras y todo tipo de eventos “sociales” con la justificación de que mientras más personas estén infectados más rápido terminaremos la pandemia.


Al pretender acelerar la inmunidad de rebaño lo único que se logrará es incrementar la tasa de mortalidad. Mientras más personas estén infectadas, la saturación de hospitales es mayor, y la posibilidad de obtener buena atención clínica disminuye. Para mí, esto es clarísimo como el agua y no entiendo por qué será tan difícil de ver por tantos otros. No es algo exclusivo de Guatemala, pues lo estamos viendo en todo el mundo. Nos demuestra esto que la naturaleza humana es la misma no solo hoy sino a lo largo de toda época, y en cualquier punto geográfico de la Tierra.

Generalmente la historia ha demostrado que, en una pandemia, el primer final que se alcanza es el social, y lo podemos ver ahora en todo el mundo, pues parecemos bestias fuera de control. Nunca voy a entender a las personas que están buscando salir ahora a “recuperar su vida” comiendo en restaurantes, hospedándose en hoteles, visitando amigos que ni siquiera son cercanos para tomarse una cerveza, y otro listado interminable de razones por las cuales buscan juntarse. Para mí no es comprensible como al igual que quizás para ellos tampoco lo son las razones por las que yo no lo estoy haciendo. Lo único es que tampoco entiendo y me parece ofensivo que sigan utilizando el argumento “inmunidad de rebaño” y que traten de prostituir un concepto tan poderoso y que nos ha ayudado invaluablemente a través de nuestra historia a defendernos de los agentes patógenos. Lo que está pasando ahora es una impunidad de rebaño, pues hay quienes impune, e irresponsablemente, andan esparciendo el virus.


No confundamos inmunidad con impunidad, pues cada palabra tiene distinto poder. La inmunidad nos protege, la impunidad nos destruye.


La inmunidad de rebaño no puede ser una estrategia política, mucho menos sanitaria, sino que es una consecuencia natural de la historia de una enfermedad. Por eso los invito a decir “NO a la impunidad del rebaño”, es decir, que deje de usarse el término tan sagrado como lo es “inmunidad” para excusar conductas irresponsables, poco empáticas y profundamente egoístas.


Y que no queden impunes, quienes se siguen comportando como integrantes no de una sociedad, sino de una manada…

 
 
 

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