top of page
Buscar

Líneas sueltas #confesionesdepandemia

Foto del escritor: LegómenaLegómena

Hace algunos años conocía a un personaje que solía definir la historia como: “los sucesos sucedidos en la sucesión del tiempo”, concepto que sonaba simpático, pero que al final me parecía correcto. Yo lo interpreto algo así como: “montones de momentos momentáneos”, no sé. Lo cierto es que somos un conjunto de instantes. Mis días suelen transcurrir sin novedades, tengo una rutina bastante establecida, pero no por eso los siento repetidos, sino todo lo contrario. Los voy viviendo con tanta cadencia, que a veces, pareciera se viven solos, lo maravilloso es, que a pesar de eso, soy yo quien los vivo y no me viven ellos a mí. Sin embargo, siempre están “esos” momentos. Esos, que me hacen pensar un poquito más de lo acostumbrado. De hecho, traen de vuelta pensamientos, recuerdos, ideas que ya han estado en mi mente antes. Momentos que son como ladrillos que caen repentinamente en la cabeza; sí, “esos”, inesperados. Pienso frecuentemente en la levedad del ser, cual Kundera, pero hay instantes en que la siento más viva y pareciera que es cuando más muerta estoy. Segundos en que se vuelvan en mi alma sentimientos que creía dormidos, y que en realidad solo están escondidos, latentes, esperando la oportunidad de resurgir, cual Fénix, para manifestarse. Ahora más que nunca, siento la vulnerabilidad de mi naturaleza, pero a la vez, una especie de poder que me hace vislumbrar mis capacidades potenciadas al infinito. Es increíble cómo cuando nos sabemos nada entendemos que somos todo. Las cosas caen en estos momentos; cambian las prioridades, se tornan crudas y todo se desnuda para mostrar su esencia. Lo que nunca ha sido importante, se muestra así, tal cual, descaradamente, frente a quienes queremos verlo. No entiendo, por ejemplo, por qué se va a reanudar el fútbol, cuando se nos muere gente de hambre. Al igual que tampoco entiendo por qué hay quienes salen a manifestar que quieren salir solo porque están “aburridos”. Ahora más que nunca nos urge la solidaridad y la empatía, pero el miedo y la estupidez, son más fuertes cuando nos vemos en masa. Y lo digo así porque siempre han existido esas almas mágicas que hacen que la humanidad valga la pena, y se entregan y comparten, y no dudan en tender la mano.

Momentos momentáneos, brevísimos, cual suspiro, o estornudo, que se queda coqueteando en las narinas, mientras hacemos muecas para hacerlos salir, momentos que me hacen ver débil, frágil, vulnerable, suave, tan nada y a la vez tan todo. Porque es entonces cuando siento la guía y protección de un algo superior dentro de mí; un ritmo cadencial que marca mi camino, que me lleva hacia algo mejor. Mi verdadera esencia.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

La vida...¿sigue?

Murió mi hermano. Ahora toca vivir el duelo. No voy a endulzar las cosas; creo que quienes hemos perdido a alguien significativo...

Nunca ha estado "re bonito"

Hace unas semanas leí un reportaje muy corto de los problemas que está atravesando el hospital nacional de salud mental. Horrorizaba el...

Comments


Post: Blog2_Post
  • Facebook
  • Twitter
  • LinkedIn

©2020 por Legómena. Creada con Wix.com

bottom of page