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La calamidad del Estado y el Personal de Salud

Foto del escritor: LegómenaLegómena

Hace unos días el gobierno ha publicado la prórroga al estado de calamidad en Guatemala, decisión que debe ser ratificada por el Congreso de la República. Los diputados cuestionan agresivamente esta petición del ejecutivo pues en casi cien días no se ha logrado más que el reinado del caos. La población está enferma, asustada y confundida. Frustrados, estamos todos.


Ahora, cerrar el país solo tendría sentido si se hace drásticamente, como debía hacerse al inicio. Eso de medias tintas, no sirvió, pues el gobierno no logró organizarse, sino todo lo opuesto, dejando evidente la calamidad del Estado.


Hay sectores que están pidiendo a gritos este cierre, sobre todo el personal de salud quienes, en primera línea de batalla, sienten cómo se les agotan las fuerzas y los recursos, para hacer frente a esta guerra. También lo piden los ciudadanos que les apoyan y ven la lucha de aquellos que se dejan la vida para salvar otras. Por otro lado, están quienes buscan rescatar la economía, en primer lugar, la suya propia, pues este sector está encabezado por los empresarios, dueños de negocios grandes, que son los verdaderos “jefes” de este país. A pesar de que el comercio informal y la pequeña y mediana empresa, son los más golpeados, nadie está velando por ellos. Con algunas insignificantes iniciativas, o más bien pobres y carentes de funcionalidad, el gobierno de Guatemala intenta callar a quienes piden ayuda para mantener a flote sus negocios, para sobrevivir, y los recursos se les están acabando, al igual que sus opciones. Ya todos nos empezamos a desesperar: los patronos están despidiendo a sus trabajadores, las empresas ya van quebrando, los médicos muriendo, y todos, a un pasito de la locura. Es increíble lo que el miedo nos hace. Esta pandemia nos está tirando a las cuerdas. El desorden que se vive a nivel social, personal y emocional, tiene mucho poder y puede hacer tambalear nuestros cimientos, de hecho, lo está haciendo. Es increíble cómo la psicosis se contagia, al igual que el mal humor, la tristeza, el pesimismo y la frustración. Es muy fácil absorber todo, -como por ósmosis-, especialmente si es negativo. Sin embargo, también podemos enfocar nuestra visión en otros puntos para que nuestra energía no se consuma en lo que nos enferma y mata.

Siento que el manejo clínico es más complicado ahora más que nunca. No estoy culpando a nadie, de verdad que no; mi apoyo es incondicional hacia el personal de la salud, de hecho, yo soy parte de ellos y sé que están haciendo TODO, absolutamente TODO, lo que está en sus manos por sacar adelante a sus pacientes, y su trabajo es loable. Pero puedo comprender que también los médicos, enfermeros, auxiliares, laboratoristas, todos aquellos en primera línea, son quienes más atención necesitan. Es imposible atender de manera adecuada a un paciente con tres capas de ropa adicionales; sin poder alimentarse ni hidratarse de manera constante, y no digamos, con cansancio, insomnio, frustración, enojo y miedo. El burnout, estrés postraumático, desgaste emocional, agotamiento y drenaje constante de energía, definitivamente está haciendo merma en la salud de todos. Por eso es tan importante llegar a las causas, cuidándolos a ellos en primer lugar. Pero, al contrario, lo que reciben es sobrecarga laboral, mala remuneración, desconsideraciones a todo nivel, oídos sordos a sus peticiones y sugerencias científicas, en fin, voltear la cara a sus necesidades. En algunos países incluso han sido violentados físicamente, y todo esto no puede pasar desapercibido en sus emociones. El enojo es natural: ¿Cómo es posible que no se les provea de lo que requieren? Es lógico que el personal se encuentre frustrado y decepcionado, pues, para empezar, quienes deben protegerles, les tornan la espalda. Eso es doloroso para todos: se llama abandono y desgarra el alma. No hay nada más triste que nuestra voz no sea escuchada. Es lógico como te sientes: yo lo siento también. ¿Cómo no van a caer presas del virus, pero sobre todo del desgaste físico y emocional? ¿cómo no va a afectarles ver morir a sus colegas, amigos y familia? ¿acaso son de hierro? el traje protector, ¿también es impermeable al miedo? NO. Es cruel e inhumano, no poner la atención debida al personal de salud, pues antes que especialistas, son eso: PERSONAS, que no van a poder ayudar a otras PERSONAS, si no se encuentran bien. ¿Recuerdan cuando solíamos subirnos a un avión y los sobrecargos nos decían que si un niño iba a tu lado lo primero que hacías era ponerte tú la mascarilla de oxígeno, antes que ayudarle? Pues algo así.

Soy Química Bióloga y trabajé por casi quince años en salud pública y ese desgaste -pude sentirlo, pudo vivirlo-, es constante. Nuestro sistema nefasto de salud siempre ha sido nefasto y ahora, la pandemia solo vino a desplegar su nefastez, a escupírnosla en la cara. Por eso no puedo ni imaginar, lo terrible y pesado que esto está siendo para mis colegas y amigos en el frente: médicos, enfermeros, laboratoristas, auxiliares…


Debemos ayudarles, debemos escucharlos, debemos divulgar su voz, mostrarles empatía, respeto, -apoyo a todo nivel-, recordando que son seres humanos tan vulnerables como cualquier otro. Y por supuesto, la mejor manera de solidarizarnos es cuidándonos; dándoles “menos trabajo” de ser posible. Yo por eso me quedo en casa, por eso uso esa mascarilla incómoda, por eso me alimento bien; trato de cuidarme lo mejor que pueda, porque si el virus entra a mi cuerpo, quiero que sea de una forma benevolente, y como parte de mi proceso de evolución, haciéndome más fuerte y no más débil.


Amigo en primera línea: yo me cuido por mí, pero también por ti.

Y sí, el Estado es una calamidad.


 
 
 

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