Hay una serie en Netflix que se llama "The Good Place". Cuenta la historia de cuatro personas que luego de morir se encuentran en el que supuestamente es el paraíso. Supuestamente, porque más adelante se va revelando que realmente están en el infierno (perdón el spoiler). La serie es muy cómica; muy buena de hecho, así que les invito a ver por lo menos el trailer (https://youtu.be/2AWeLR-EKAg)
La historia inicia con la llegada de Eleanor al “cielo” y se va complicando cuando tanto ella como Jason, revelan que no merecen estar allí. Poco a poco Tahani y Chidi, se van involucrando y al final se dan cuenta que los cuatro han estado todo el tiempo en el infierno, y torturándose mutuamente. La serie es genial; tiene de todo. Es sarcásticamente negra y fina, y toca cuestiones filosóficas bastante serias. “The Good Place” está bastante influenciada por una obra de teatro escrita por el filósofo Jean Paul Sartre: “Lenfer c'est les autres", el infierno son los otros. En inglés el título de la obra es “No Exit” y por acá voy a dejar el link (https://youtu.be/0v96qw83tw4) por si alguien desea verla. Hay muchas versiones, pero para mí la mejor es una de la BBC de los años 60´s. Como buen cine viejo tiene todas las características del cine viejo, así que si no les gusta ese tipo de películas mejor no la vean. Es lenta, en inglés británico, y escrita por un filósofo que es para muchos controversial y negativo. Para mí de los mejores y de mis favoritos.
Sin entrar a tanto detalle, lo que Sartre y "The Good Place" intentan decirnos es eso: el infierno son los otros y no necesitamos de demonios que nos torturen. Por supuesto que, al igual que los personajes, no somos conscientes de esto. Si lo fuéramos, dejaríamos de hacerlo (al menos las personas medio decentes) y eso no sería tan gracioso ni para los ángeles, ni para los demonios, ni para los extraterrestres, o quien sea que se esté “deleitando” con la película de la humanidad.
He pensado mucho en la pandemia, en estos casi dos años de catástrofe mundial; la amenaza del virus, de enfermar, de morir, y como eso ha ido cambiando La percepción que cada uno tiene de la pandemia es muy distinta a la que teníamos en marzo de 2021. Es obvio que nuestro conocimiento de la situación ha mutado casi tanto como el virus, pues ahora tenemos un poco de más idea de lo que funciona y lo que no. No digo que todo, pero sí sabemos más que hace un año. De hecho, conocemos tanto, que ya en algunos el miedo paralizante ha sido sustituido por una laxa despreocupación que se convierte en imprudencia. Si 2020 fue protegernos del virus, 2021 está siendo el despliegue en vitrina de la verdadera naturaleza humana. Todos hemos sido testigos de cómo las personas con quienes convivimos, trabajamos y nos relacionamos, reaccionan ante una crisis. No es que antes no pudiéramos verlo; es solo que ahora se muestra en pantalla gigante y con mas descaro. Lo mejor y lo peor de cada individuo está floreciendo. Alguien me preguntó hace meses si yo creía que nuestros amigos seguirían siendo "nuestros amigos" después de la pandemia. Sin dudarlo le respondí que no. Estoy segura de que esta crisis mundial está sirviendo como prueba de fuego para nuestra vida en general pero principalmente para nuestras relaciones interpersonales. Si nosotros no vamos a salir siendo los mismos de la pandemia, tampoco lo harán los demás y esa versión que veremos de ellos puede gustarnos o no. Pero eso la verdad es lo de menos, lo importante y preocupante, es que seamos conscientes de que nos estamos haciendo mucho daño entre todos y debemos parar.
El día a día se está haciendo muy difícil, muy triste y cuesta arriba. El encierro, la frustración, la angustia, el estrés, el miedo, el duelo, la pérdida de tantas cosas, y, sobre todo, de seres amados, cala hondo…muy hondo. Y en lugar de ayudarnos, de ver cómo nos hacemos menos insoportable lo que vivimos, -y lo que se nos viene-, pareciera que la principal tarea de todos es sacarnos los ojos. Se siente en las redes sociales, se percibe en la calle, se respira en el ambiente. Una causa de este sentir puede ser la indiferencia, despreocupación, abandono y dejadez con que las autoridades responden ante la terrible situación que vivimos, es frustrante y da inmensa tristeza. Es ese infierno que estamos pasando por las decisiones de otros, sobre todo de quienes deberían “cuidarnos”.
Sin embargo, ese es solo uno de los círculos Dantescos; tenemos encima muchos otros y que son más dolorosos pues vienen de quienes están a nuestro lado. Familia, amigos, vecinos, colegas, compañeros de trabajo, todas esas personas que conviven con nosotros de una manera más cercana y que al mismo tiempo, nos hacen la vida más difícil. Problemas interpersonales nunca faltarán, así será siempre, pero muchos de ellos son totalmente prevenibles e innecesarios. Pareciera que existen aquellos que se proponen de misión de vida fastidiar a los demás, sin otro objetivo que eso: joder. Y cuando encontramos a este tipo de seres, la frustración es inevitable. Lo mismo se siente cuando sabemos que el otro tiene la posibilidad de ayudar y no lo hace porque simplemente no se le da la gana. Así el gobierno ahora, pero también algunos que llevan nuestra misma sangre o que vemos todos los días en la oficina.
Volviendo a las obras, tanto “The Good Place” como “No Exit” abordan la tortura como un acto completamente humano que se mantiene constante en el infierno. No hace falta que lleguemos hasta allá para conocerlo: aquí vivimos. La diferencia de abordajes es que la serie de Netflix coloca las relaciones con un poco más de esperanza, claro, no fue escrita por un existencialista crudo como Sartre. Así que, según Eleanor, Tahani, Chidi y Jason, tenemos posibilidades de ser mejores aún en la otra vida. Pero dice Sartre que, Inèz, Estelle y Garcin solo tienen la opción: la de ser conscientes de que son ellos los creadores de su propio infierno y de el de los demás. Entonces, al verse en la situación en la que están, y con un toque de conformismo, termina Garcin con un: “Eh bien, continuons...". Es decir, con la plena aceptación y conciencia de lo que se está sintiendo, seguir adelante con la vida.
Considero que es una buena inversión de tiempo darse una mirada a las dos obras. Con la serie vamos a reírnos y aprender al mismo tiempo, y con la obra teatral, quizás no habrá tanta risa, pero ambas pueden ayudarnos a ver quiénes de nuestros círculo cercano nos están atormentando, y sobre todo a considerar qué papel jugamos en la tortura de los otros.
Una mirada a nuestras relaciones interpersonales. Ojalá seamos conscientes de que ya tenemos suficiente con el dolor que la pandemia está trayendo, así que, en este tiempo de crisis no es ley que la hijueputez deba ser universal. En nuestras manos está, el lo sea la empatía y la solidaridad.

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