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Ella soy Yo

Foto del escritor: LegómenaLegómena

Cada vez que veo imágenes de las manifestaciones en Estados Unidos, desatados por la muerte de George Floyd, se me revuelve todo. Si bien estamos experimentando una nueva forma de vulnerabilidad, -nunca sentida, nunca vivida-, también es cierto que aparecen sensaciones y emociones que quizás desconocíamos y algunas pueden ser muy oscuras. Esto es bueno, porque nos coloca de frente a nuestra sombra.

Según Carl Jung, cada humano tiene su propia sombra, esa parte oscura y negra que rechaza y niega. Menciona que existe tanto una sombra colectiva como una personal. En estos momentos de la historia pareciera que brotaran ambas, pues podemos contemplarnos y descubrirnos en el confinamiento de nuestros hogares, pero a la vez, notar la oscuridad de nuestra naturaleza como humanos, como sociedad. Hoy, estamos frente a ambas.

La sombra, según el arquetipo, lleva a contemplar aquellos aspectos indeseables que cada persona intenta reprimir pero que aún no acepta como propios. Jung la describe como esa parte animal que todos llevamos dentro; ese lado primitivo que permanece en nosotros y que generalmente nos avergüenza. Está incrustada en el inconsciente, pero no es el inconsciente. Según algunos, puede compararse la sombra a una bruja, esa figura que manifiesta todo lo horrible que una persona puede ser; que es parte de ella pero que la persona se empeña en ocultar: el villano que todos llevamos dentro. Este ejemplo es relativo, pues para quienes no consideramos a las brujas poseedoras de una connotación negativa, la comparación de la sombra debe hacerse de otra forma.

Volviendo entonces a ese lado horrendo que todos tenemos, pero despreciamos, concluimos que: es parte de quiénes somos. Mucha de la ansiedad y desesperación que hemos sentido quizás, ahora en el confinamiento, puede deberse a que estamos vislumbrando, o viendo de frente, a nuestra sombra.

Ahora, una cosa es verla y otra lo que haremos después. Sentarnos con ella, invitarla a tomar café, preguntarle nuestras dudas, escucharla con atención, contemplar su fealdad y aceptarla, pero sobre todo estar consciente de que también “Ella soy Yo" y no pasa nada, pues oscuridad tenemos todos: somos nuestra sombra. El problema viene cuando le dejamos tomar posesión sobre nosotros y termina siendo ella quien nos define, porque eso tampoco es real. Aceptar la sombra no es rendirse ante la crudeza de nuestra fealdad, no es creernos incapaces de cambios, eso sería mutilar nuestra evolución.

Si bien hay quienes se dejan poseer por la sombra, y terminan llenos de maldad, no es el caso de todos y no tiene por qué ser así. Es decir, una cosa es conocer la sombra, vislumbrarla, darle su lugar, reconocer sus capacidades, aceptarlas y aprender a vivir con ellas y otra muy distinta es dejar que sea la sombra la que tome el control o en caso contrario, reprimirla. Esto último puede llegar a ser tan dañino como darle rienda suelta y dejarla a sus anchas, lo cual sucede con muchas personas que actúan en maldad, pero que no significa que solamente ellos, la conozcan y sean capaces de ello. Por muy oscuras que sean nuestras tinieblas, siempre tenemos la capacidad de cosas grandes, de hacer rendir nuestro verdadero potencial. Lo que cada uno haga con su sombra será lo que determine el tipo de persona que lleguemos a ser.

Todos tenemos nuestra propia sombra y es parte intrínseca de nuestra esencia, y al aceptarlo y ser consciente de su existencia, es como realmente alcanzamos el propio conocimiento, la sabiduría. Es por eso, que, en estos tiempos, de tanto movimiento, tenemos una gran oportunidad de ahondar en estos espacios oscuros, asquerosos, pestilentes y putrefactos, y reconocernos también en ellos. Reconocernos no solo como individuos sino como sociedad y desde allí plantear el cambio, la transformación, el crecimiento: nuestra evolución. Explorarnos. Consciente de esto, siento mucha esperanza y estoy optimista de este tiempo, pues, aunque nos esté tirando del cielo al infierno, también nos brinda grandes oportunidades para crecer. Y se convierte, más que en crisis, en una esperanzadora transición. Eso sí, reconociendo a nuestra sombra, aceptándola, tomando café con ella, haciéndola parte de nuestro nombre y sabiendo que “Ella soy Yo” .

 
 
 

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