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Carta a la nieta de mi sobrino de 2 años, en el fin del Mundo

Foto del escritor: LegómenaLegómena

Actualizado: 29 dic 2020

Si vamos atrás en el tiempo, para que cada uno de nosotros exista el día de hoy, tuvieron que habitar la tierra muchas personas antes. Algunos han tenido la oportunidad de conocer su árbol genealógico, otros no contamos con esa suerte, pero lo cierto es que todos tenemos historia, aunque no la conozcamos. De las primeras cosas que hice cuando empezó la pandemia, fue ir al pasado. Suelo tener una gran afición por la historia; siempre me ha apasionado, pues aprendo mucho de lo que nos cuenta, y, sobre todo, porque me permite comprender mejor el presente. Somos seres cíclicos, tanto en nuestras vidas personales, como colectivas, así que algunas cosas son fáciles de predecir si prestamos atención. Este motor me arrastró a la pandemia de 1918. Mientras leía y veía documentales, me surgió la duda de cómo habrá sido la situación en Guatemala durante estos años y me fui topando con algunos artículos de prensa, noticias e incluso documentos de ese entonces. Comprendí con tristeza que las cosas no han cambiado mucho y que seguimos aún con algunos problemas socioculturales, económicos, políticos y sanitarios de la época, pues no los hemos buscado solventar de raíz. Dentro de lo que iba conociendo, me surgió una inquietud más personal: ¿Qué sería de mi familia en esos años? ¿Quiénes estaban? ¿en dónde? ¿Cómo lo enfrentaron? ¿Quiénes fallecieron? Y así, muchas preguntas que no tenía como responder pues tengo muy pocos parientes vivos que podrían sacarme de la duda. Hice mis cálculos y quienes estaban vivos eran mis bisabuelos, -apenas adolescentes-, y tatarabuelos. Me dio nostalgia, pues me hizo extrañar mucho a mis fallecidos y recuerdo que pensaba durante esos días: cómo me hubiera gustado tener alguna noticia de la forma en que mis bisabuelos, -apenas muy jóvenes-, estarían haciendo frente al caos que vivían. Como soy medio bruja, se los he preguntado al viento y me llegan respuestas en susurros, pero también decidí que a pesar de que mi linaje directo se acaba conmigo, tengo un sobrino de dos años, que quizás sí decida perpetuarse. Y entonces si eso pasa, quise escribir esta carta a mi sobrina bisnieta, que será quien probablemente se enfrente a la siguiente gran pandemia que acabará con el mundo.


Por lo tanto, presento la:


Carta a mi sobrina bisnieta ante el fin del mundo como lo conoces:


Querida mía,


Te escribo estas líneas desde un momento congelado en el tiempo. Diría que vengo del pasado, pero cuando las leas tendrás la sensación de que soy del futuro, porque mucho de lo que te compartiré se irá haciendo real mientras pasan las horas, los días, los meses…los años. Para empezar si te encuentras leyéndolas, es porque estás en medio de un caos, de una crisis, de una catástrofe, y estos, -todos-, dan mucho miedo. Te estoy escribiendo esto, en un momento similar para mí. Sé que tu abuelo, -mi sobrino, hoy apenas un niño pequeño-, ha educado muy bien a tu madre y ella a ti, por lo que no me queda duda de que conoces la pandemia de 2020, la famosa COVID19, que vino a destruir el mundo en que yo estoy viviendo hoy. Te digo destruir porque si bien estamos aún en la Tierra, este momento histórico, supone el fin de lo que conocíamos como vida en cuanto a su desarrollo social, económico, cultural, científico y político…es uno de los fines de mi mundo. Y lo menciono como uno, porque en lo que llevo de vida he enfrentado varios, por ejemplo, la muerte de mis padres, tus tatarabuelos, ha sido quizás el peor, pero no el único. Acostúmbrate a eso, a que nuestro mundo, nuestra vida, se está constantemente haciendo y deshaciendo. No somos estáticos, sino todo lo contrario, seres que fluyen para construirse constantemente. Así que en medio de este mi caos, te quiero compartir algunas cosas que pueden ayudarte a enfrentar el tuyo.


No te diré nada sobre cómo ha empezado la pandemia, ni detalles que puedes consultar en las fuentes de información, sino que vengo a contarte lo que estamos viviendo en nuestros corazones. Desde que iniciaron las noticias de que existía un virus desconocido, las señales de alerta se despertaron en todo el mundo. Este aviso no era reciente, muchos científicos lo venían anunciando desde hacía décadas, incluso se hablaba de la siguiente pandemia en congresos y convenciones internacionales, pero a pesar de eso, nadie, -NADIE-, estaba preparado para lo que se aproximaba. La amenaza era real y muchos lo sabíamos. Por eso, el miedo será lo primero que sentirás que invade tu corazón, nublando tu pensamiento y arrebatando tu paz. Esto, querida mía, no puedes alimentarlo, ya que lleva a actuar irracionalmente e incluso dañar a los demás. No temas. Busca las fuentes confiables e infórmate lo más posible, pues el conocimiento es poder, y mientras más conozcas mejor sabrás enfrentar el peligro. El miedo será el denominador común en la calle, en la casa, en todos lados. Verás como muchos erráticamente tomarán decisiones que no tienen sentido, por el puro miedo no solo a perder la propia vida, sino la de sus amados. Es comprensible. Esto también los llevará a tener comportamientos que no entenderás, situaciones en las que se busca mantener la sensación de un control que siempre ha sido falsa. Habrá quienes tendrán actitudes absurdas, como acumular papel higiénico (con eso nos limpiamos el trasero en este siglo, no sé qué usarán en el tuyo), solo para sentirse aún dirigiendo su vida. No los sigas. Estas actitudes de acumulación son innecesarias y como bien sabes, no controlamos nada, así que con eso es mejor no resistir. Seguramente como a nosotros, te confinarán. Estarás guardada en casa por un tiempo. Te pedirán que mantengas distancia con otros seres humanos pues la idea es evitar contagios. Lo más seguro es que tu pandemia también sea por un virus respiratorio así que usarás alguna máscara para protegerte. Revisa por favor los comportamientos de la peste negra, la gripe española y la COVID19, y verás que la protección de boca y fosas nasales es indispensable. Así que, infórmate, evalúa la mejor forma de protegerte y trata de seguir las recomendaciones científicas que se requieren para enlentecer la transmisión. En todas las infecciones por microorganismos de los que no tenemos memoria, es importante que nuestro sistema inmune se acostumbre al nuevo agente, pero para eso hay que darle tiempo. Así que lo siguiente que debes tener es paciencia. Estas viviendo una pandemia. Esto no es cualquier cosa. Es una sacudida histórica que te sucumbe o te eleva. La puedes aprovechar para crecer y como sociedad, lograr cambios que quizás no se habían alcanzado en mucho tiempo. Los cambios serán lentos, no los esperes de inmediato. De hecho, quizás no los veas. Yo estoy segura de que tampoco veré los importantes. Te confieso que soy de las ingenuas que pensaba que el mundo cambiaría repentinamente con esta pandemia. Que nos uniríamos como humanidad y que la enfrentaríamos, juntos, y eso es lo que menos ha sucedido, por lo que estoy segura de que, tampoco lo verás en tu pandemia. La mayoría de los líderes reaccionarán tarde, iniciarán con medidas drásticas hasta que tengan el agua al cuello, lo cual ocasionará muchas muertes innecesarias no solo por el virus, sino por las consecuencias indirectas de sus malas decisiones. No invertirán en salud sino solo en lo que les interesa y en lugar de unirse para enfrentar la amenaza, se convertirán en el mayor peligro para tu sociedad. Esto desatará enojos pues el sufrimiento de muchos estará politizado. Verás las injusticias de manera cruda y descarada, pues los pobres se harán más pobres y los ricos estarán vomitando riqueza. Se aprovechará el poderoso del débil, hasta extinguirlo. Mientras, la Naturaleza se encargará de demostrarles a todos, que al final, lo material es el bien de menor valor. Lucharán por respirar, pagarán por oxígeno, se matarán por agua. Muerte y hedor, querida mía, eso no podrás evitarlo. El sufrimiento de muchos se irradiará por toda la tierra, y sus gritos de dolor te romperán el corazón. La empatía no puedes perderla. Te enfrentarás cara a cara con la finitud, y eso te ayudará a valorar inmensamente el presente, pues lo único que realmente tenemos es este instante, el ahora. Serás también testigo de la crudeza del egoísmo humano, mucho del cual es fruto de ese miedo del que te hablaba. La ansiedad y angustia se apoderarán de ti, al mismo tiempo que una gran frustración, y serás testigo del abandono en el que se ha fundado la sociedad en que vivimos, pues quienes deberían cuidarnos nos voltean la cara. Habrá días en que abrirás los ojos por la mañana y sentirás deseos de no haber despertado. Cuando esto pase por favor, no desesperes. Aunque te sientas desolada, esto es la vida. Luces y sombras, y unas inmensas oportunidades de aprender y crecer. Al mismo tiempo que sientas el mundo lleno de tinieblas, de desesperanza y veas la sombra del corazón humano, también comprenderás que esa capacidad de mal es directamente proporcional al bien que se puede hacer. Verás como muchos saldrán a dar la vida por el prójimo, poniendo en riesgo la propia. Los hospitales estarán llenos de almas generosas y magnánimas que, con sudor, desvelos, lágrimas y su propia sangre, se desgastarán día y noche, para sanar. Las profesiones de servicio estarán exhaustas, pero son ellos quienes te harán recuperar la confianza en la humanidad. Los verás trabajar rotos, pero de pie, y será gracias a ellos que la pandemia se irá extinguiendo. Los científicos trabajarán sin descanso para dar respuestas y tal como ha sido ahora, no defraudarán. La ciencia hará su papel excelentemente, intachable, como siempre. Equivocándose, claro, pero aprendiendo de sus errores para dar soluciones y resolver el caos. Busca en ella las respuestas que pueda darte, las que le corresponden y en las otras ramas de conocimiento, el resto de tus inquietudes. La pandemia tendrá dos finales, uno sanitario y otro social. El primero es cuando el virus se transmita poco y los casos estén controlados. Para eso necesitarán una vacuna y a una gran parte de la población recuperada. Y la segunda es cuando la gente se acostumbra a vivir con la amenaza. Por historia, ésta llega antes y pone en peligro a muchos porque es como un “rendirse” antes de tiempo. No puedes tener miedo al virus, pero tampoco actuar poco inteligentemente. Sé prudente y ten paciencia. La pandemia realmente se acabará cuando el aprendizaje que necesitamos, como individuos y como sociedad, haya sido comprendido. Quienes tengan que evolucionar lo harán y podrás verlo, y quienes no, seguirán en oscuridad y repitiendo los patrones que sus ancestros tampoco aprendieron desde la peste de Justiniano. Yo aprendo hoy por ti, así como mis abuelos lo hicieron por mí.


Termino esto, querida mía, jurándote que, junto a mis Ancestros, -que también lo son tuyos-, estaremos a tu lado siempre, susurrándote en la brisa, en tus pensamientos y entre sueños, que no estás sola y que este tiempo de prueba también pasará. Nosotros lo pasamos, y tú eres nuestra sangre. Tienes nuestra fuerza y resiliencia en tus genes, así que todo lo que nosotros hemos vivido antes, está en ti latente y listo, para hacerte florecer.


Haz de la pandemia una catapulta para crecer y evolucionar y piensa en los que vienen, como yo pienso en ti.


Con el inmenso amor, que ya te tengo, sin conocerte,


R.




 
 
 

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