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A propósito de una orgía y una sequía: Sobre el hambre de tacto.

Foto del escritor: LegómenaLegómena

Actualizado: 10 may 2021

Desde hace días estoy por sentarme a escribir y no lo logro. Con un desfile de ideas en mi cabeza, como una orgía romana, estaba esperando la oportunidad de plasmarlas en papel para deshacerme de ellas. Hoy me conseguí un espacio y ahora las ingratas se fueron a regar sus placeres a otro lado; se escurrieron y estoy con anemia de palabras. Pero me voy a lanzar a un tema y aquí va.


Aunque la pandemia sigue siendo el telón de fondo y la temática de todo, ya se volvió como un chicle viejo que seguimos rumiando a pesar de haber perdido su sabor. Tiene algo particular eso de mascar chicle; yo dejé de hacerlo desde hace años pues los brackets me lo impedían por razones obvias, pero francamente no era algo que disfrutara. Si se acababa el dulce, lo escupía. Pero están quienes no lo sueltan, por horas. No sé cómo funciona la lógica o el placer, pero es el gusto de cada quién, como decimos por esta tierra, y está bien. Lo cierto, es que la pandemia ya se volvió algo así. Creo que nadie dimensionaba lo que realmente sería. Cuando nos encerramos para protegernos del virus, muchos pensamos -y lo dijimos-, que “estábamos entrenados para esto”, que así, aislados, “eran la mayoría de nuestros días” y pensábamos que sería más fácil el confinamiento, pues era como “las vacaciones que necesitábamos”. El quedarnos en casa la mayor parte del tiempo, estaba no solo bien, sino ¡súper bien! Pero mientras pasa el tiempo, y va perdiendo su sabor, se va haciendo cada vez más difícil, para todos, el seguir masticando este chicle.

No creo que exista nadie en el planeta entero, que no se esté viendo afectado por la pandemia, ya sea por la enfermedad en sí, directa o indirectamente, o por tantas cosas que giran a su alrededor. Las medidas restrictivas han golpeado muchísimo a la economía en diversos sectores, -unos más que otros-, pero también lo han hecho sus efectos colaterales. No voy a entrar a comentarlos a detalle, -son demasiados-, pero sí quiero mencionar el elefante a medio cuarto, del que se está hablando, pero no lo suficiente; nos está taladrando a todos de manera silente y si no lo atendemos, puede llegar a ser fatal. Me refiero a la salud mental.

Todos estamos afectados, - ¡TODOS! -, pero para no ser tan tajante, y chocar, mejor digo: la mayoría estamos afectados. Podemos verlo de manera personal en la forma en que reaccionamos, en cómo nos sentimos, en lo que pensamos… Sin temor a equivocarme puedo afirmar que hemos tenido más de alguna reacción desconocida en este último año; es decir, hemos reaccionado de una manera completamente diferente a lo habitual. Esta reacción puede ser de enojo, de impaciencia, de tristeza, de falta de atención; y que se ha manifestado con un grito, una palabra grosera, llanto descontrolado, dificultad para dormir, e incluso actitudes violentas. Es algo a lo que debemos prestar atención. La inestabilidad emocional se está filtrando en nuestras vidas muy sutilmente (o no tanto), y si no la atendemos nos pasará una factura altísima. De tanto que puede hablarse respecto al tema voy a mencionar una cosa por ahora: el hambre de piel.

Sí, eso existe y, como sociedad, lo estamos padeciendo.

Si bien hay muchas personas a quienes no les gusta ser tocadas, el contacto de piel con piel es algo insertado muy dentro de nuestra naturaleza. Todos hemos sentido el efecto sanador de un abrazo, de una mano que toma la nuestra, de un beso, de una caricia…y ahora también podemos darnos cuenta de lo que su carencia llega a ocasionar. Es el hambre de piel, la desnutrición del tacto, la inanición por contacto humano; la deprivación de la sensación de bienestar que nos daba la cercanía física con otros. Ha sido por muchos años estudiado el efecto sanador del contacto para el ser humano. Tanto la psicología como la inmunología han confirmado que la cercanía de "piel con piel", es indispensable para sobrevivir, para la salud en general. Lo vemos en los recién nacidos, por ejemplo. Como contribuyen las manifestaciones de afecto a un buen desarrollo. Quizás antes de la pandemia no éramos tan conscientes de que los adultos también lo necesitamos para estar sanos, física y emocionalmente.

Esas prácticas tan sencillas de la cotidianidad, como abrazar a un amigo, dar la mano a un colega, el tan usado saludo de beso a quienes le tenemos esa confianza -y que ya no están-, nos ayudaban discretamente. Trabajo con algunas personas que incluso acostumbraban a abrazar, como saludo, todos los días cuando llegaban a la oficina. No era muy fan de tanto abrazo, pero ahora, sin duda, los extraño.

Todo eso nos ayuda a calmarnos, a disminuir el estrés, a reaccionar diferente. Algo tan común que hacemos, ese tocarnos la cara (que también se ha censurado ahora), es una práctica primitiva que precisamente nos tranquiliza. Si ponemos un poco de atención, nos daremos cuenta de que, generalmente nos tocamos inconscientemente, cuando más estresados estamos. Es primitivo, instintivo, es parte de la propia conservación.

No somos aislados, nuestra naturaleza es social y hemos crecido como parte de un colectivo, aunque sea pequeño, el de nuestra familia, la cual ahora quizás tampoco es tan accesible. Las familias han tenido que cambiar su logística, ya sea para proteger a los mayores o para atender a los pequeños. Todo es diferente a lo que conocíamos y eso, impacta. Sin ser tan conscientes de ello, nos hemos ido separando y aunque hemos tratado de usar los medios digitales para no perder comunicación del todo, ese otro contacto, el físico, es importante irlo recuperando. Como especie lo haremos. Por ser algo tan innato, poco a poco, nuestra hosquedad, si es que la tenemos, irá desapareciendo, pues como digo, la necesidad de ser tocados es primitiva. Pero mientras eso sucede, es importante incorporar algunas prácticas que pueden ayudarnos a alimentar a nuestra piel. No me refiero a la hidratación y cuestiones netamente dermatológicas (que también es una necesidad, pero totalmente otro tema), sino a nutrir esa carencia de contacto humano, a saciar un poco esa hambre de piel.

Es recomendable, por ejemplo, que quienes viven juntos, puedan mantener esa conexión física, lo cual también llega a ser difícil cuando las relaciones familiares podrían estarse fisurando, pero si se puede (y las medidas de bioseguridad lo permiten, claro), es importante hacerlo. Ahora, quienes vivimos solos (nuestro infierno es otro), debemos encontrar prácticas para cuidarnos en este aspecto. El automasaje es una opción muy recomendada. Una cosa tan sencilla como colocarnos aceite en los pies, de manera consciente, puede irnos rescatando. No veamos esto como: “los solteros pobrecitos” y los que tienen hijos “que no se quejen”. Nos está afectando a todos. Si bien, quienes tienen pareja e hijos (o mascotas. Éstas también son salvadoras), cuentan con otro ser vivo a quien tocar, también sufren carencias, pues sus relaciones sociales han cambiado. Es muy probable que muchos no tengan ese espacio, aunque fuera pequeño, en el que compartían fuera de su circulo familiar y están viéndose afectados.

Las relaciones que teníamos afuera a todos nos ayudaban; quizás no éramos conscientes de lo que un saludo, una sonrisa, un apretón de manos, una carcajada compartida, suponían para nuestras vidas. Esas trivialidades rescataban la cotidianidad y paliaban el absurdo de la rutina. Ahora no las tenemos y es importante sostenernos mientras llegamos a recuperarlas cuando sea el momento.

Quiero aclarar que no estoy diciendo que ahora salgamos todos a abrazarnos, no podemos hacerlo. El virus sigue activo y necesitamos detener la transmisión, por eso es tan indispensable que se apresure la vacunación y se mejore la atención hospitalaria. No es solo porque urge reponernos económicamente, no. Nos urge recuperarnos socialmente, como colectivo, aunque se trate de una comunidad de dos. Debe ser prioritario para el gobierno proveer al país de vacunas, pero sobre todo de vacunar diligente y masivamente; no deberíamos estar deteniéndonos en eso. Sigamos exigiéndolo como sociedad pues de otra forma la pandemia no va a ceder. Sé qué es difícil si nos gobierna un megalómano incompetente, pero no podemos dejar de reclamar lo que necesitamos, que en contexto de lo que vengo hablando, es vacunas para salir y abrazarnos seguros. Es una necesidad urgente. De lo contrario, no solo seremos un país desnutrido físicamente, sino también emocionalmente.

Prestemos atención a nuestras hambres, todas. Somos seres racionales, pero también muy frágiles, y aunque pueda parecer una debilidad, el ser vulnerables es una fortaleza, sobre todo cuando la aceptamos. El ser humano es el animal que requiere mas tiempo para valerse por sí mismo. Veamos a los niños y cuánto tiempo les lleva ser capaces de alcanzar el mínimo grado de independencia. Por eso nos necesitamos. No solo para hacernos la vida más entretenida, sino también para nutrirnos, para sostenernos.

De mi sequía de ideas de hoy salió esto. Vamos a ver qué dice la orgía cuando regrese, si es que se digna la muy diva en volver...



PD: Por si quieren escuchar algo del tema.

https://www.youtube.com/watch?v=lW8pJ7E9taQ

 
 
 

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